Mateo, «El Barigón»


Moja Croacia – Marzo 16, 2020

Puntuación: 5 de 5.

Esta de hoy, la primera, no es una historia contada, mas bien vivida.

Papá Mateo, así le llamaba yo, no era en nada mi papá en el sentido común de la palabra. Resultó ser mi suegro, el padre de mi esposo, que de puro mérito, llegué a sentir como papá también.

Papá Mateo tocaba mis pies muy temprano en la mañana, mucho antes de que saliera el sol y me decía «loca vamos a hacer café…», no porque mi café fuese especial, sino porque no tenía ni idea de como funcionaba la cafetera…, entre las 4:30 y las 6 de la mañana eran muchos los cuentos e historias que contaba, porque era de los que le gustaba conversar, especialmente si le dabas tema para desarrollar, como cuando tienes un hilo que sale de tu suéter tejido, y si tiras de él, el hilo se hace una bola enorme y el suéter ya no es más.

Sus hijos, mi esposo Mateo y sus hermanos Luis y Antonio, le decía «El Barigón», por su panza que sobresalía prominente sobre piernas largas y delgadas y con una sola «R» porque en los casi 50 años que vivió en Venezuela, nunca pudo pronunciar una «RR»en español. No fue sino hasta después de su muerte que, sumando historias entre todos sus hijos, mi esposo y yo pudimos hacernos una idea de lo increíble que fue la historia del Barigón.

Mate Nicola Lesica Fabijanić «El Barigón»

El Barigón nació con el nombre de Mate Nicola Lesica Fabijanić en el pueblo de Sveti Vid-Miholjice en la isla de Krk, al noroeste de Croacia, el 8 de agosto del año 1929, en lo que se conoció como el Reinado de los Serbios, Croatas y Eslovenos, estado balcánico que existió entre Diciembre de 1918 y Octubre de 1929, posterior a la disolución del Imperio Astro-húngaro, y al final de la Primera Guerra Mundial.

Es fácil imaginar la época de cambios y dificultades que rodeaban la fecha de su nacimiento y los tiempos que le tocó vivir a esta generación, pasando de Imperios a Reinados, Guerras Mundiales y posteriores conflictos internos y separaciones regionales, que logran devenir con sangre, sudor y lágrimas en lo que hoy conocemos como Croacia. De allí, la extensa referencia de difícil documentación cronológica y geográfica sobre la inmigración Croata a diferentes países del mundo. De esto seguro hablaremos en muchas entradas futuras en este Blog.

Era el único varón y el menor de 6 hermanos, tuvo 5 hermanas todas mayores: María, Mare, Jele, Anna y Kate. En lo que se repetiría en su familia con sus propios hijos, sus hermanas le dieron sobrinos de su edad, así de menor era Mate con respecto a sus hermanas. Sus padre se llamaron Mate y Kate, gente humilde, creyentes católicos muy religiosos, dedicados a la pesca y la siembra.

Mate hijo, el Barigón, fue un niño travieso y autodidacta, le encantaba comer, especialmente aquellos higos en el árbol cerca del huerto familiar. Curioso, inquieto y muy inteligente – decía el párroco de la Iglesia parroquial de San Miguel en Sveti Vid – pero que requería disciplina porque solía meterse en problemas de niño, travesuras inocentes que seguro causaban revuelo en el pueblo y requería ser reprendido constantemente por sus hermanas, que por su diferencia de edad, fungían más de madres que de hermanas, especialmente Jele, su hermana más amada quien le acompañaría durante toda su vida incluso hasta el día de su muerte.

Es así como por sugerencia del cura de la parroquia, Barigón se hizo monaguillo, y es precisamente en la Iglesia de San Miguel donde con solo 14 años, un Domingo del año 1943, mientras se ofrecía la misa a los feligreses, irrumpe un grupo de «reclutadores» de la SS y Mate por ser un joven con 1.80 metros, grande y fuerte, es separado de su familia y obligado a servir en una base alemana de bombarderos antiaéreos apostada en la ciudad de Trieste. Aquí se acaba la niñez de Mate el Barigón, y como otros cientos de miles de jóvenes y niños, participó en primera persona y en contra de la voluntad de su familia y la propia, de este y futuros conflictos armados en la zona. Muchos de estos jóvenes nunca volverían a casa.

En la base antiaérea, bajo la división de artillería, el trabajo de Mate fue cargar y trasladar bombas y municiones para surtir los cañones. De ésta época siempre habló de lo asombrosa que era la disciplina alemana, no refiriéndose a grandes aspectos estratégicos ni militares, sino mas bien a aquellos pequeños detalles que para un niño de 14 años, que quería sobrevivir, seguramente eran dignos de observación. Decía: «para comer nos daban una pieza grade de pan para cada uno. Yo hambriento y desordenado siempre me lo comía en una sola ocasión, en la mañana, no dejaba nada!, pero los alemanes no, ellos cortaban el pan con cuidado en 4 partes, comían 3 veces al día puntuales como un reloj y el cuarto pedazo lo utilizaban para tranzar o negociar, por cigarrillos por ejemplo, increíble!».

Al tercer mes, la base antiaérea sufrió un bombardeo que casi le cuesta la vida y la orden de sus superiores fue replegarse al punto de contacto, pero Barigón con plena convicción y deseo de sobrevivir se replegó, pero a su casa. Parece un chiste, pero le tomaría meses caminando, escondiéndose de día, pues las únicas botas que tenía para caminar delataban su procedencia desertora del ejército alemán, con el apoyo de granjeros locales y familias bondadosas, que al escuchar su historia le permitían dormir en graneros y hacer cualquier trabajo, a cambio de alimentos y refugio.

Cual película Hollywoodense, logró llegar a la costa de Rijeka, pidió ayuda a unos pescadores para que le llevasen en bote hasta la Isla de Krk, y al arribar a las playas de Krk, encontró un caballo, el cual montó para llegar a casa en Sveti Vid. Imagina la cara de asombro y alegría de sus padres y hermanas cuando aquel chico, ahora de 15 años, entró al pueblo, de una única calle y no más de 100 habitantes, sobre un caballo, casi comparable con la aparición de algún arcángel guerrero, casi como el milagro cumplido para su familia, que hacía meses no sabía nada de él. Toda una sensación!.

Ya en Sveti Vid la iglesia le ayudó a continuar estudiando, labrando la tierra y pescando con su papá. Pero la calma y feliz vida familiar, no duraría mucho. A inicios de 1944 el movimiento de la Resistencia Partisana liderado por Josip Broz Tito, aún en ocasión de la ocupación Nazi en Europa, recluta a jóvenes de la zona, y nuevamente Barigón es llevado, esta vez con la resistencia anti-nazi.

De un modo u otro es fácil imaginar que el destino de jóvenes de esa época, en la posición geográfica y el momento histórico que les tocó vivir, estaría de cualquier manera escrito con matices milicianos, aún cuando no compartiesen los principios de la guerra, ni de un bando, ni del otro, bien podías quedar atrapado incluso en ambos bandos como le pasó a Mate.

El joven Barigón no pudo más que salir en campaña con su nueva bandera miliciana, y pasarían 6 años de malabares, bombardeos, asaltos, penurias, entre llegar al final de la Segunda Guerra Mundial, la caída del Reinado de Yugoslavia, el surgimiento de la Yugoslavia Federal Democrática, las innumerables tensiones étnicas y necesidades económicas propias de la región en esos años.

Al igual que otras cientos de miles de personas que trataban de huir de las terribles condiciones de la post-guerra, de zonas de conflicto étnico e inestabilidad política, del hambre y la persecución, entre finales del 49 y principios del 50 decide junto a 3 buenos amigos: Franjo, Valich y quién se conocería en los siguientes años como «El Gladiador Croata», buscar refugio en un campo para desplazados en Italia.

En el campo de desplazados, los 4 amigos, esperan por documentos para migrar a América. Por azar, casualidad, un golpe de suerte o como le quieras llamar, todos reciben documentos legales para zarpar en un barco con destino a La Guaira, Venezuela. Solo unos días antes de partir, la novia de Mate le confesó que unos documentos para viajar a Estados Unidos habían llegado para él, pero que ella los había recibido y escondido, deseando que Mate no se fuera. Llámalo destino entonces.

Es 1952, finalmente una esperanza, los 4 amigos zarpan y unos meses después desembarcan en La Guaira, Venezuela. Caminan durante horas, días, con la ropa que llevaban puesta y ninguna pertenencia, hasta llegar a Caracas. Dormir en la calle fue necesario, pero estos amigos venían de situaciones mucho peores, y su fortaleza, su espíritu, su sentido del humor les hizo ganar pronto buenos amigos en la comunidad Italiana de Caracas, donde consiguieron posada y sus primeros trabajos. Hicieron casi cualquier cosa, desde albañilería hasta Lucha Libre.

El Gladiador Croata

De los tres amigos del Barigón que le acompañaron de las costas de Italia hasta Venezuela, el «Gladiador Croata» guardó una historia llena gracia, humor y logros pero también una de increíble coincidencia. Como escrito el piedra el destino de estos dos buenos amigos, juntos huyeron de la guerra y el hambre, juntos pusieron los pies en Venezuela y la adoptaron como propia, y en un giro curioso y también poético, murieron el mismo día 30 de noviembre del año 2002, a la misma hora, y ambos de un infarto. Si crees que hay personas que nacen destinadas, estos dos amigos, sin duda, lo estaban.

El Gladiador Croata era muy grande, poderoso en cuanto a fuerza, portento y habilidad para la Lucha. No había sido para nada su oficio en el pasado pero, al llegar a Caracas, los 4 amigos vieron en este deporte una oportunidad para ganar dinero y sobrevivir. En poco tiempo el «Gladiador Croata» se hacía famoso en la Lucha Libre, en una de las arenas más importantes de Caracas, el Nuevo Circo, y sus amigos fungirían en su tiempo libre de agentes de seguridad de su buen amigo y la recién bautizada nueva celebridad de la Lucha.

El Barigón, además de apoyar al Gladiador, trabajó en sus inicios como mesonero de restaurante, y luego como ayudante de construcción donde, por su buen desempeño, en poco tiempo, fue nombrado supervisor de obra.

Sería precisamente la construcción una de las actividades más intensamente productivas de la época, en la que junto a tantos otros europeos inmigrantes, se fue dibujando el paisaje a través de todo el territorio nacional venezolano con grandes construcciones viales, autopistas, distribuidores, túneles y puentes. El Barigón viajó a lo largo de todo el país con esta profesión y se especializó en asfaltos y voladuras.

En el año 1963 recibe en Caracas a su mas cercana y unida hermana, Jele, quién le acompañaría y cuidaría con el amor de una madre, hasta el último de sus días.

Con la dedicación al trabajo y el ahorro vio pasar los años hasta que en uno de sus viajes de campo en construcción, conoció a una joven Magleni Betancourt, con quien se casó el 14 de abril de 1973, él de 45 y ella de 19. Tuvieron 3 hijos varones: Mateo Nicola, Antonio José y Luis Eduardo.

En los años siguientes tuvo una vida próspera y feliz. Antes del final, tuvo la suerte de volver a la tierra que le vio nacer y reunir nuevamente a su familia. Algunos vivos, otros ya se habían ido, pero pudo volver a la sombra del árbol de higo en el huerto familiar de cuando era solo un niño travieso en Sveti Vid-Miholjice. Tuvo la felicidad de recibir, arrullar y cantar a dos nietas «spava, spava, spava eniančiše». Hoy tiene 8 nietos.

«El Barigón era un hombre decidido, grande y fuerte físicamente, pero más bueno que un pan, humilde, bondadoso, tenaz e inteligente». El que le conocía también sabe lo que significa cuando el Barigón «desbordaba ternura». Vuela alto Barigón!

Homenaje a Mate Nicola Lesizza Fabijanić (1929-2002) y Jelkisa Lesizza Fabijanić (1923-2018).

…así fueron dos almas…como dos gotas de lluvia que se unieron en el mar.

Anónimo

Mateo, Antonio y Luis Lesizza


Desde hace un tiempo hemos estado simpatizando con la idea de iniciar este Blog, especialmente porque siempre nos ha maravillado la forma en que nuestras culturas se han enriquecido en el tiempo, a través de la intensiva inmigración que nuestros países latinoamericanos han experimentado por cientos de años.

Tal vez lo difícil ha sido encontrar la forma de empezar, como todo en la vida que tiene una gran gratificación, como empezar a hacer ejercicios, o una dieta saludable o dejar de fumar, o dejar esa relación tóxica que lleva años dañándote, todo aquello que sabes te hará bien, pero te cuesta iniciar, una vez allí, cada paso te lleva a otro y solo requiere un compromiso diario para seguir adelante. Pero ese primer paso siempre es el más difícil.

Partimos del pensamiento de muchos que creen que el acto de migrar se ha convertido, en las más cercanas décadas, en un inmenso mar de calamidades, dolor, millones de personas que en su afán de emigrar, y como un acto involuntario, han puesto en peligro y, en muchas ocasiones, han perdido la vida, persiguiendo un mejor futuro y en muchos casos solo una oportunidad de seguir adelante, esa innegable voluntad humana que le permite a nuestra especie seguir viva.

Pero, como nos consideramos positivistas sin remedio y resilientes hasta los huesos, no siempre por propia complexión ni convicción, más bien como resultado de cientos de ingredientes muy mezclados, experiencias buenas y malas, vidas que pasaron por nosotros vida, y vidas por las que también pudimos pasar, no podemos ver más que con ojos de admiración al inmigrante. No podemos más que sumar agradecimiento y buena voluntad para aquellos que se amalgamaron con nuestros ancestros nativos y no hicieron más que enriquecer aún más aquello que ya era rico, muy a pesar del pensamiento de muchos que labran en contra de la unión y que tanto generan controversia, políticas y des-políticas, que empujan carretas con palabras de odio y pisan con irreverencia siglos de historia humana en unión de razas y culturas.

Para esto dedicamos la voz de Moja Croacia, en su sección «Mi Herencia Croata» de este Blog, al justo fraseo de vidas que tuvieron que dar muchos pasos en el camino y el tiempo, para llegar a su morada, lejos de su tierra, de sus amores, de su sangre, de sus recuerdos de niñez, de aquello que los abrazaba cálidos bajo la luna de sus países de origen. A las caras del inmigrante, a sus corazones, a las personas y sus historias, al humano, al ser.

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Publicado por Moja Croacia

Entusiasta del turismo, el intercambio cultural, la gastronomía, el amor a la familia y sus raíces.

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